martes, 17 de abril de 2012

Desmayo


Siento que me desmayo que me desmayo que me desmayo no lo siento pero temo empezar a sentirlo mi miedo más grande es empezar a sentir que me desmayo y me imagino el caos posterior, mi cuerpo cayendo al suelo, los gritos de mis compañeros de oficina, la piel de mi cara y mi cuello blanca color muerte color párpados de mujer asesinada mi no pulso la desesperación de los otros ante mi huida mi posible enfermedad mi muerte mi muerte mi muerte dios mío mi muerte convoco a un dios que no existe un dios al que yo maté con convicción y ahora nada muerte oficina como ojo de huracán en donde todos sonríen y yo siento que me muero me muero me muero el grito queda estampado en cada letra que vomito y ayudame a no irme vos que estás ahí decime cómo pasame tus venas tus seguridades tu no muerte tu no miedo tu coraje de papel tus ojos llenos de dudas mirame bien adentro estamos nadando en la misma sangre abrazame que yo también me hundo me desmayo me voy…

lunes, 26 de marzo de 2012

Castillo de piedra, nena


Hoy me acompañó Spinetta mientras viajaba en subte. Menos mal. Me zambullí, me metí, me dejé abrazar, bailé en el bosque, resbalé por el túnel, me ablandé, caí, volví a subir, abrí el corazón y dejé que mi vulnerabilidad de ser amado y amante se mezclara con la gente, las caras duras, los fierros, las luces intensas, los pasos rápidos, los golpes, las escaleras sucias, las almas nubladas, los cuerpos dolidos, dormidos, hundidos, prendidos de la nada con forma de trofeo.

No soy diferente. No soy diferente. No soy diferente. Mamá, no soy diferente, no soy especial, no soy nada. Sólo quiero que me amen, que me enseñen los colores de la libertad, que me muestren los dientes del lobo y me empujen al vacío con un abrazo violeta y lleno de vida.

Ellos también quieren lo mismo. Ahora lo entiendo. Caminan como máquinas porque así pueden fundirse con el otro cosmos, el maldito, el de los números negros, las estructuras clavadas en la tierra, los golpes en la espalda, el desamor. Es lo que conocen, lo familiar, lo que les permite entablar un diálogo con los otros, lo que les da la seguridad cada mañana, el pan, el sentido de la tostada con dulce, el sentido del pijama, el sentido de los ojos cerrados a las once y veinte –siempre a las once y veinte-, el madrugón, el traje, la pollera, el maquillaje, la culpa, el maquillaje, la culpa, el maquillaje, la culpa la culpa la culpa.

Te estoy dando mi mano, vamos. Soltá, metete, saltá, dame, dejá. Vamos juntos, estoy acá. Soy como vos. Somos. Mirame a los ojos, dale. Abrí. El miedo no existe, lo inventaron ellos, y ella no supo cómo librarse de él para no pasártelo a tu sangre como un virus. No es su culpa. Ella. Hola mamá. Te quiero mucho. No pasa nada. Vuelo y estoy. Amo desde la nube. Me fui, te extraño, volveré en unos años con la cabeza llena de pájaros y el corazón embebido de licores nuevos. No me pidas más, quiero verte suelta y feliz, libre, voladora, confiada en las alturas y las distancias. No me quieras cuidar más del dolor. Amar así duele, me llena las plantas de los pies de plomo, me agota el alma, me ata a un tronco negro perdido en un bosque lleno de duendes asustados y animales heridos. No puedo más. Hay otros mundos llenos de amor. Los vi, los sentí en mi piel, caminé desnuda entre los bailarines de la noche que me rodearon con sus cuerpos hasta hacerme llorar de alegría. Acá me quedo, por ahora. Acá no hay tiempo, los colores son infinitos, las terrazas con soles se multiplican y la amistad nace de los silencios, de las almas suspendidas en un mismo plano de luz, de los cuerpos rozándose en la sombra, en la cornisa, en el precipicio que se abre ante la muerte y el verdadero amor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

No es de snob sino de paria


Mi cuerpo lame la superficie tibia de las cosas recién muertas y entiende. No hay tiempo. No hay lugar húmedo. No hay cremas de útero para masajear nuestra piel dolorida por la carne podrida de los otros. No hay productividad con sentido, nada importa, las máscaras brillan unos segundos y después desaparecen en el mar de las certezas con dientes.

Los escucho reírse, golpean las mesas con sus puños de oficinistas ocultamente vencidos. Se entienden, se rozan, visten la misma ropa, se huelen y asienten con la cabeza, con los ojos, con los culos excitados. Están bien. Vuelven a reír. Me duele. Me espían. Me envuelven con grasa y chistes de fútbol.

Tan lejos.

lunes, 9 de enero de 2012

La exorcista


Crece y crece y me tapa y me come y no puedo mirarlo a los ojos porque cambia de nombre todo el tiempo y no tiene cara. Me lame la parte de atrás de las orejas, me acaricia con malicia las axilas hasta que la risa se vuelve puro nervio y ganas de huir hacia algún lugar con nubes y sin palabras. De noche se acuesta a mi lado, me abraza con su garra peluda y pesada y me sofoca los sueños, las piernas. Su lugar preferido es el nudo de mi garganta, allí se acurruca como un caracol enloquecido y negro y dispara agujas que son hologramas pero igual duelen desde adentro. Pinta mi carne de un color oscuro, acogota a mis budas y quiebra el vidrio más puro de mis ojos. Me conoce, me llama, lee mis agujeros negros encefálicos y les da de comer gusanos que murieron de miedo. Escupe en mi almohada cada noche pequeños mundos posibles de pesadillas escondidas en el corazón de la que fui antes de nacer.

Lo maldigo y lo conjuro y lo vomito y lo rechazo con las palabras. Quizás lo pinte una y mil veces hasta que algún día se anime a mostrar su cara en el lienzo y me deje arrancarle los colmillos con una pincelada que será, ahora lo sé, tan valiente como la otra mujer que ahora me habita y permanece amordazada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sonajeros


¡Urgente!

Un sonajero para despertar al duende fucsia o mujer azul que se durmió con los balis puestos adentro de mi cuna hecha de trenzas despeinadas y olor a terraza mojada un sábado de calor en Buenos Aires hace tanto.

sábado, 19 de noviembre de 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

Lo sólido


No es la estatua del gato la que te sostiene. Lo estoico existe agazapado en el hueco más azul de tu memoria.