Últimamente pienso mucho en la muerte. Estoy, mejor dicho, obsesionada. Llena de fobias, de miedos, de angustias abismales. La busco en mi cuerpo y creo encontrarla con la estúpida ilusión de poder mirarla a los ojos y así conjurarla, anularla. Hasta que entendí algo. No es la muerte lo que nos llena de miedo y desesperación. Nunca vamos a conocerla porque apenas ocurre nosotros dejamos de ser. Quiero decir, pienso, que la muerte no existe. Nunca la vamos a experimentar. Lo que sí experimentamos es la antesala. El miedo, el pensamiento oscuro, la premonición, la duda, la ansiedad, la locura ante la idea de dejar de existir. La desesperación siempre se da en VIDA. No hay muerto que tema, que llore, que grite, que desespere. Somos los vivos los que tememos algo que jamás nos tocará. Somos los vivos los que nos dejamos cautivar y atravesar por el abismo y la negrura de un concepto que no existe. La desesperación, entonces, nace de la imposibilidad de disfrutar de la vida pensando en ese vacío al que nos fascina llenar con nuestros monstruos, esos a los que sí conocemos. Estoy, por eso, desesperada. No por la muerte, sino por mi vida. Desesperada por abrazarla de una vez por todas.

para cuándo el próximo post??
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