lunes, 9 de enero de 2012

La exorcista


Crece y crece y me tapa y me come y no puedo mirarlo a los ojos porque cambia de nombre todo el tiempo y no tiene cara. Me lame la parte de atrás de las orejas, me acaricia con malicia las axilas hasta que la risa se vuelve puro nervio y ganas de huir hacia algún lugar con nubes y sin palabras. De noche se acuesta a mi lado, me abraza con su garra peluda y pesada y me sofoca los sueños, las piernas. Su lugar preferido es el nudo de mi garganta, allí se acurruca como un caracol enloquecido y negro y dispara agujas que son hologramas pero igual duelen desde adentro. Pinta mi carne de un color oscuro, acogota a mis budas y quiebra el vidrio más puro de mis ojos. Me conoce, me llama, lee mis agujeros negros encefálicos y les da de comer gusanos que murieron de miedo. Escupe en mi almohada cada noche pequeños mundos posibles de pesadillas escondidas en el corazón de la que fui antes de nacer.

Lo maldigo y lo conjuro y lo vomito y lo rechazo con las palabras. Quizás lo pinte una y mil veces hasta que algún día se anime a mostrar su cara en el lienzo y me deje arrancarle los colmillos con una pincelada que será, ahora lo sé, tan valiente como la otra mujer que ahora me habita y permanece amordazada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sonajeros


¡Urgente!

Un sonajero para despertar al duende fucsia o mujer azul que se durmió con los balis puestos adentro de mi cuna hecha de trenzas despeinadas y olor a terraza mojada un sábado de calor en Buenos Aires hace tanto.

sábado, 19 de noviembre de 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

Lo sólido


No es la estatua del gato la que te sostiene. Lo estoico existe agazapado en el hueco más azul de tu memoria.

Ku


Las palabras en orden se desmayan de indignación ante la fragilidad de los dedos de duende con los que el viento acaricia mis vacíos.

No más lamer la estatua del prestigio.

Acá sólo se baila con máscaras de nube.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las palomas tampoco saben


El no saber se me pone rechoncho. Mejillas coloradas, ojazos redondos y de un azul liviano como la incertidumbre cuando es bienvenida. Me lame despacio el cerebro desde adentro y me susurra que el tiempo no existe.
Lo escucho mientras miro por una ventana.
Palomas violetas y percusión callejera.
Nada más.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Tierra


Ser pavo real o ave pequeña de colores y vivir para siempre junto a los niños salvajes de una tribu que todavía no existe