
Florecen
posibilidades
mientras
nos
trenzamos.
Soy
caracol
imperceptible
sobre tu espalda.
Así
avanzo.
En lento pegoteo.
Salí del bar y lo vi, esquivando a la gente con la lengua afuera y la mirada desatada: el mismo perro que nos había seguido la noche anterior. En ese segundo me prometí escribirlo todo.

