
¡Urgente!
Un sonajero para despertar al duende fucsia o mujer azul que se durmió con los balis puestos adentro de mi cuna hecha de trenzas despeinadas y olor a terraza mojada un sábado de calor en Buenos Aires hace tanto.
Salí del bar y lo vi, esquivando a la gente con la lengua afuera y la mirada desatada: el mismo perro que nos había seguido la noche anterior. En ese segundo me prometí escribirlo todo.